el 19 de abril de 1913 nace mi padre en un pueblo casi manchego
quería recordarle y dedicarle estas líneas. Tengo pendiente escribirle una carta o escribirle algo. Lo he empezado a hacer poco a poco.
Tuvo una vida ajetreada como todos los de su generación, en general. Son los jovenes de la guerra civil, tristemente. Cuando se proclamó la segunda republica él estaba a punto de cumplir 18 años. El 1 de abril cuando Franco se hizo con el gobierno dictatorial del país mi padre estaba a punto de cumplir 26. Así fue que su juventud transcurrió entre revueltas, agitación, guerra, huidas, cárceles, penales, penas y penas de muerte.
Yo, junto con muchos de nosotros, aunque no lo hayamos querido reconocer y decir publicamente hemos sufrido las consecuencias de esta triste historia reciente de un pais envilecido.
Cómo han sido esas heridas y esas consecuencias tal vez un día me atreva a extenderme en varias páginas.
Hoy voy a dedicar mi tiempo y mi recuerdo y mi memoria al que me empujó al mundo. Porque durante mucho tiempo le vi como culpable del papel de victima que yo entendí que era el que me había tocado asumir.
Hoy, cuando parece que empiezo a vislumbrar que las victimas pueden renunciar y no asumir este papel, le puedo mirar de igual a igual, aunque sea por un breve momento.
Desde aquí, el hombre que soy saluda al hombre que fue mi padre. Somos iguales. El vivió e hizo su vida como mejor pudo. Y yo he comprendido que así he hecho yo.
Murió el 16 de octubre de 1992, a la mitad del camino para llegar a los 80, cuando yo cumplía los 40.
Hoy me encuentro con él en ese espacio mágico e invisible dónde todos podemos encontrarnos vivos y muertos, el espacio de la memoria, el espacio invisible en el que podemos tambien liberarnos de la carga de nuestro pasado.