hasta ayer vuestra vida era correr
yo os veía correr, correr, correr....
y me preguntaba, a qué tanta prisa???
De prisa levantarse, deprisa todo ya durante la mañana. Comer apresuradamente...
yo os observaba y me preguntaba a dónde van???
Primero fueron los primeros, los que corrían apresuradamente, unos pocos sólo y eran mirados con desdén.
Al poco, ellos ganaron y creyeron que así todo iba más aprisa hacia el progreso, hacia el bienestar y la riqueza. Y lo hicieron ver que era así. Y los demás los creyeron y creyeron que todo aquello era digno de empezar a apresurarse. Y se apresuraron más y más. Y fueron más y más ya los que corrían a todas partes.
Ya no había tiempo para nada. Todo lo que hasta entonces se hacía despacio, lentamente, se fue perdiendo. Hasta lo más sagrado, dejó de serlo.
Y ahora todos ya corrían a todas partes. No tenían tiempo ni para respirar.
Y empezaron a caer enfermos... Todo era contagioso. Las prisas, el apresuramiento, la falta de tiempo, el cansancio.
Se fue llenando todo, hasta el aire de esta falta de tiempo. Como si ya no hubiera más tiempo. Como si el tiempo se hubiera agotado también y no hubiera ya tiempo para el tiempo.
Yo os observaba y corría. Y me paraba y os observaba y corría detrás de vosotros. Pero un día me caí. Y lloré y me quedé atrás. Y pude ver y darme cuenta y esperé y esperé y en la espera descubrí la esperanza.
Y descubrí que la esperanza es la dueña del tiempo. Y descubrí el amor que es el dueño del tiempo. Y fui descubriendo y descubriendo que los que caíamos eramos afortunados pues eramos retenidos en el tiempo y ya no podíamos correr y eramos apartados.
Y al ser apartados pudimos descubrir la espera y en la espera la esperanza y en la esperanza el amor y en el amor pudimos ver lo que se había perdido...
Y descubrimos que no se había perdido. Que aun quedaba almacenado un poco de tiempo y lo fuimos cuidando y cuidando y fuimos más. Pues más caían cada día.
Y así fue que de nuevo se recuperó el tiempo perdido....